Hoy puedo tomar alcohol, comer lo que quiera, no mojo los corpiños ni empapo el colchón cuando duermo, no me duelen los pechos ni los pezones cuando me roza la ropa, volví a mis corpiños normales, ya no siento esa piedra dura y pesada en los pechos, como si se estuviera por romper la piel, ni la quemazón y ardor en los pezones que me hacía andar desnuda por la casa, ya no paso frío por tener que sacarme la ropa para alimentar a mi hijo, ni quedo hecha sopa sólo por amamantar.
Pero cambiaría todo eso por poder darle el alimento que yo produzco, mis anticuerpos y nutrientes, el que es hecho sólo para el.
Pero todo ese deseo es ínfimo al lado del deseo de bienestar de mi hijo, por eso hoy lo dejo de lado y disfruto de las primeras cosas que nombre. Por que por lo visto, mi deseo no es lo suficientemente fuerte como para lograr que mi leche nutra a mi bebé.
Muchas veces, tenemos que aprender a aceptar cosas que no queremos, a sobrellevar desgracias, aprender a vivir con cosas que nos pasaron y darle la vuelta para salir adelante.
Lo mío es un pequeño "capricho", hay cosas mucho peores, pero sirve de ejemplo para ver como lo que para algunos no es nada, para otros es un gran problema, y no por eso significa que uno de ellos este mal, sólo son diferentes mentalidades con diferentes vivencias y diferentes formas de ver las mismas cosas.
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